lunes, 7 de noviembre de 2016

Escuchar con la mirada




No sé cómo empezar el post, quiero escribir tantas cosas que no soy capaz de encontrar un hilo conductor para juntar todo en uno sólo. Últimamente tengo la sensación de que no paro de hacer cosas, ya sean de la investigación, del máster o de las clases particulares, pero como no tengo casi tiempo entre unas y otras voy acelerada y no le saco tanto partido a como lo hacía el año pasado.

También porque este año le estoy dando más importancia al máster y a la investigación. Con a investigación me cuesta más estar al día porque tengo muchísimas tareas por hacer, pero como me lo tomo como una recompensa del día anterior lo disfruto más, cuando tengo tiempo de dedicarle tiempo. 

En parte porque ahora estoy empezando a comprender lo que implica, su complejidad y posibles actuaciones, más allá de lo que se hace actualmente, o al menos lo que he leído que se hace. Pero gran parte es porque estoy empezando a tomarme en serio, o ser más consciente, de aquello en lo que quiero convertirme y, lo más importante, en lo que no. 

Los miércoles y los jueves, además de tener pocas clases del máster, son los días de la semana que más me gustan: primero porque tengo clases con mi niña y segundo porque empiezo a dar sentido, a construir y a elaborar mis propios apuntes, mentales, estableciendo relaciones entre las asignaturas que he dado o estoy dando y en la importancia que esas relaciones tienen para mi futuro profesional.

Hay veces, cuando me acuerdo o cuando tengo tiempo en clase, escribo con qué se relaciona o que implicaciones puede tener en mi futuro un concepto o un proceso concreto, es decir, aspectos que debería y querría tener en cuenta a la hora de dar clase y que en algunas ocasiones hago sin ser consciente de que las hago. 

Pero hay otras veces que no lo hago y se forma una especie de nube que se mantiene durante un tiempo y, en el mejor de los casos, termina despejándose esas dudas o esa falta de conexiones. O en el peor de los casos ni establezco conexiones directamente, por lo que de nada me sirve, al menos a largo plazo.

La causa principal de esa ausencia de conexiones es la motivación en mi caso, aunque también es la funcionalidad que veo a eso que aprendo. 

Esta mañana, transcribiendo unas entrevistas,  cuando me equivocaba y utilizaba el corrector, me ponía nerviosa por el hecho de ver cómo se movía e incluso escuchaba el ruido que hacía al moverse. Era imposible que lo escuchara porque estaba con los cascos puestos pero era capaz de escucharlo. Aún sabiendo que no lo podía escuchar, podía escucharlo como si no tuviera los cascos puestos. 

El sábado, leyendo un resumen del módulo I de ADP, me di cuenta de varias cosas. El texto estaba escrito de tal manera que te hacía reflexionar sobre aspectos que normalmente no se aprenden por medio de una definición, o al menos en mi caso es más fácil de aprenderlos en la práctica que por medio de una definición y siempre los he relacionado con una experiencia previa que tuviera o en su defecto en un caso práctico.

El caso es que mientras lo leía, me tomaba mis tiempos a la hora de entender ciertos conceptos o conexiones porque para mí no eran tan fáciles de conectar o no eran tan obvias dichas relaciones. Por el contrario establecía otras conexiones que no se concretaban en el texto y por tanto me resultaba un tanto inciertas por el hecho de no estar presentes en el texto, aunque eso no implicara necesariamente que esas relaciones no sean válidas.

No sé si por el hecho de ser un tema que tengo asumido o creo entender desde mi propia perspectiva, pero me llamó la atención el hecho de aquello que leía tenía sentido o no en función de mi experiencia como profesora, como alumna y de mi formación tanto del grado, como del máster y de mi formación trasversal.

Quiero decir, para mí, ese texto implica, conlleva y significa ciertas concepciones con las que puedo o no estar de acuerdo pero están ahí. Para mí no existe una manera de aprender correcta porque se encuentran contextualizadas en  un momento determinado y con un objetivo concreto. De la misma manera que no hay técnicas puras de aprender, unas se influyen, se conectan, se vinculan con otras en función de lo que entiendas que son. 

En la carrera una profesora me dijo que enseñamos como nos han enseñado a nosotros, es decir, repitiendo el mismo patrón, pero yo creo que no del todo. Tengo claro que el hecho de tener un profesor que te guste como da clase repercuta en el hecho de querer ser como él profesionalmente y como alguien que consideres que es un mal profesor, pero eso no implica que vayas a ser como ese profesor al que te quieres parecer. Facilita y condiciona un tipo de profesor, una manera de entender la educación y la relación entre profesor y alumno pero no implica necesariamente que te conviertas en ese profesor.

Si fuera tan fácil, no existiría la docencia. Lo que le funciona a uno ni implica que le funcione a otro. De igual forma que cada uno aprendemos de manera diferente, cada profesor enseña a su manera. De hecho, para mí no se pueden dar el uno sin el otro. 

martes, 1 de noviembre de 2016

Pensar, sentir y actuar


Una de las asignaturas que más me ha sorprendido este año ha sido Psicología Social, en parte porque ha sido una de las pocas que he podido elegir y por otra parte porque es un limitada. De las 11 asignaturas del máster sólo he podido elegir dos optativas. 

Suelo salir muy confusa de esas sesiones porque se dan por hecho muchos aspectos que para mí no lo son tanto. Creo que hay una tendencia a generalizar conductas, comportamientos, sentimientos y pensamientos en ciertas culturas. Por ejemplo, asumir que los estadounidenses son más individualistas que los musulmanes por el hecho de haber nacido en una cultura determinada personalmente considero que es demasiado asumir.

Hace un par de semanas que dimos esos aspectos de cómo influye la cultura en la mente y la conducta humana, y precisamente este jueves tengo la exposición sobre ese tema. Me llama a atención que en el capítulo que leí tiene más importancia lo socialmente estipulado y esperado que la parte individual. 

Está claro que una persona no puede desarrollarse de manera aislada y necesita un contexto social y cultural en el interactuar y relacionarse, pero sin perder su identidad. Creo que no llego  entender lo que la identidad de una persona pero para mí implica el conjunto de experiencias y situaciones que le han convertido en la persona que es y no es un proceso que termine sino que se va dando sentido a sí mismo conforme pasa el tiempo. 

Entiendo que una persona no depende de una cultura exclusivamente para ser lo que es. Eso supone que las culturas son estáticas, que todos los miembros que pertenecen a una cultura son iguales. No solo dentro de una cultura, sino dentro de un país, dentro de una cuidad, dentro de un barrio o dentro de una familia. 

Personalmente considero que la cultura es una influencia para el desarrollo personal pero no la única. Dos personas pueden pensar/sentir/actuar igual y pertenecer a culturas diferentes.

Incluso una persona puede experimentar cambios en su actitud a la hora de abordar un problema a lo largo de su vida estando en una misma cultura. Hay ciertos rasgos que pueden ser culturales, y eso es muy debatible,  pero la gran mayoría son debidos a las experiencias que tenga cada persona, el sentido que cada una les dé, cómo sea capaz de gestionarlo, procesarlo y asimilarlo.

Quiero pensar que tengo capacidad de dar sentido a mi propia vida, a mis experiencias,  a mis  pensamientos,  a mi conducta y a mis emociones, pero no sé si tiene sentido que me encuentre sometida  mi cultura porque hay ciertos aspectos con los que no me siento identificada, bien porque les doy un sentido propio, a veces diferente al socialmente acordado o bien porque ni siquiera me planteo ciertas cuestiones porque son costumbres y acciones muy arraigadas. 

Indudablemente, la cultura influye pero no determina el desarrollo personal, profesional, social, emocional y evolutivo de una persona. O quiero pensar que no es así. 




domingo, 30 de octubre de 2016

La tela de Penélope

Cuando iba al colegio, había cursos de informática y recuerdo que fui a uno. A principios de los 2000, tener un ordenador en cada aula no era concebible, a no ser que fuera en el aula de informática, en la biblioteca o en los despachos del equipo directivo. Casi 20 años después, rara es la clase que no tiene un ordenador. 

En el curso, nos enseñaron a utilizar el teclado, el ratón, el Word, el Paint y muy muy muy por encima la Encarta. Pero luego en otras asignaturas no tenías un ordenador y en casa, si lo tenías, tampoco le veías utilidad más allá de buscar una palabra o un acontecimiento que bien lo podías buscar en una enciclopedia que tuvieras por casa.

El jueves, en clase con la niña, estuvimos buscando términos o expresiones de la mitología griega tanto su origen como su significado actual. Buscábamos las dos a la vez, al menos al principio, sobre todo porque quería saber las estrategias que utilizaba a la hora de buscar información en internet.

No me sorprendió que siempre escogiera la primera entrada que salía al buscar en google, pero sí que dio que pensar. Mientras ella sacaba la información de la primera, yo buscaba otras posibilidades que no fueran "yahoo" o "wikipedia". Siempre hacíamos lo mismo, lo leíamos, y luego lo explicábamos con nuestras palabras. 

Las primeras veces, le iba diciendo yo las cosas que había encontrado y para no perder tiempo seguimos haciéndolo así: mientras yo buscaba la información ella pensaba lo que tenía que escribir. Me llamó la atención que después de leer me preguntara "¿Qué pongo?" a lo que yo siempre le respondía "¿Qué pondrías?". 

Sé que la tecnología forma parte de nuestras vidas pero creo que aún no somos capaces de gestionar, asimilar, procesar y administrar tanta información de cuanto disponemos. Damos por sentado que aquello que buscamos es correcto que ni siquiera nos cuestionamos su veracidad. 

Ahora es raro encontrarse una clase sin un ordenador, un proyector, una pizarra digital... Durante mis prácticas, no había ninguna clase que no tuviera recursos tecnológicos. No me parecería mal si se utilizase o si se le diese una utilidad dentro del aula. 

La manera de dar clase, de distribuir a los alumnos, de utilizar unos recursos u otros... no ha cambiado demasiado en los últimos años. Han ido surgiendo ciertos movimientos innovadores a la hora de entender cómo debe ser la escuela en relación a los cambios sociales, culturales e históricos, no en todas las escuelas ha sido así.

Me da la sensación de que como la tecnología es algo propio de la sociedad actual, la escuela tiene la obligación de responder a esas demandas y adaptarse a ella. No me parece mala opción siempre y cuando todas las personas tengas acceso a esos materiales.

Hay un programa informático que informa a los padres de los exámenes, los trabajos, las notas, las faltas de asistencia, etc..., al menos en Castilla La Mancha. Cuando estaba en el instituto, ya existía pero no de la manera en la que funciona ahora. Sinceramente, creo que es excesivo.

Esa falta de confianza y seguridad de los padres y de los profesores en los alumnos creo que no puede traer nada bueno. ¿Cómo puede ser que un padre se entere antes de los exámenes que tiene su hijo que su propio hijo? 

De la misma manera tampoco creo que la escuela, el instituto o la universidad deban desarrollar a personas que se desenvuelven un contexto social influido principalmente por la tecnología alejado de ella. Que se disponga de esos recursos no quiere decir que se tengan que utilizar obligatoriamente. Más sabiendo que la situación económica de algunas familias no permite tener internet o móvil. O simplemente porque los padres no quieran que si hijo de 12 años tenga móvil. 

Creo que actualmente tenemos cierta dependencia de la tecnología. No sabemos qué hacer sin un teléfono móvil o sin un ordenador. Me aplico el cuento porque siempre estoy pendiente del móvil y, aunque no lo quiera, el ordenador se ha convertido en un instrumento de trabajo. 

Posiblemente sea porque los martes acabo con un dolor de cabeza insoportable por utilizar luz artificial a todas horas, algo que sin duda es muy perjudicial para la salud ocular, pero creo que aunque haya ordenadores y móviles por todos los lados, no se ha producido un cambio educativo acorde con ese cambio tecnológico. Al menos yo no lo he vivido. Antes tenías un recurso de un esqueleto o de un corazón físico o en un póster y ahora está dinamizado, en el mejor de los casos por un vídeo de youtube. 

Quiero decir, el contenido sigue siendo el mismo pero no dejan de ser contenido conceptuales. Mi niña, en una se sus asignaturas del instituto, tiene los apuntes en una plataforma online. A nivel personal no encuentro diferencia a lo que se puede hacer sin eso. No dejan de ser libros, apuntes, actividades. 

Aunque tenga muy claro que la tecnología es un recursos más del que disponemos que, lo queramos o no, vivimos en esa sociedad digital, hay ciertos avances en el ámbito educativo pero no el suficiente. 

Personalmente, creo que lo que se consigue por un lado se "desteje" por otro. 



domingo, 23 de octubre de 2016

Los miércoles siguen siendo especiales

Aunque solo llevo unas pocas semanas en el máster, han sido muy intensas en cuanto a trabajo. En la carrera tenía como mucho 4 asignaturas en un cuatrimestre pero ahora tengo 7 en el mismo espacio de tiempo. 

No me quejo demasiado porque puede decirse que voy al día pero eso me quita mucho tiempo libre que antes tenía para desconectar del ordenador, de las asignaturas y centrarme en las clases particulares. Además, como el horario del máster es de tarde tuve que reubicar las clases particulares en los huecos que quedaban libres. 

Los miércoles es mi día preferido de la semana porque las sesiones de dos horas las disfruto mucho más que la de una hora. Pero este miércoles fue diferente: llegué media hora más tarde a la clase porque tenía una cosa que hacer del máster que al final no se pudo hacer (perdí casi una hora para nada) y estaba enfadada.

Los primeros minutos de clase siempre los utilizamos para hablar de nosotras mismas, antes de empezar directamente con los ejercicios. Así que le conté mi día, normalmente no suelo entrar en detalle pero cuando estoy enfadada me da por hablar. 

La verdad es que solo buscaba desahogarme con alguien y mientras le contaba el motivo de mi enfado su cara era un poema. Y no me extraña. 

A finales de junio, cuando ya tenía terminada la carrera, le dije que por fin era profesora de Primaria y a veces me llama "profe" pero normalmente me llama por mi nombre. Es muy curioso porque cuando habla de los profesores a mí no me incluye dentro de ese grupo de personas y en parte se lo agradezco porque tal y como considera a los profesores prefiero no serlo. Incluso en las prácticas del colegio tampoco me llamaban así. 

Aunque soy profesora de Primaria creo que no he tenido tiempo suficiente como para asimilar que lo soy. He dado clases, he estado varios meses en el colegio pero no considero que sea profesora. No me siento una profesora porque en cierta medida no me gusta las concepciones implícitas que tradicionalmente, y por desgracia también en la actualidad, esta profesión conlleva.

Precisamente el miércoles, haciendo unos ejercicios de notación científica la niña me dijo que no creía que supiera hacerlos porque no había estado en clase. Me sorprendió esa respuesta porque no sé en qué se basaba para decir eso. Pero en 3 minutos ya estaba haciendo ella sola los ejercicios. 

Algo parecido me pasó hace unos meses viendo un artículo sobre burnout en profesores  en el contexto de EEUU. Había varios modelos explicativos sobre los factores que afectaban al desarrollo del burnout en cada nivel educativo. Después de mirarlos durante más media hora, me di cuenta que había diferencias entre los modelos. A partir de ahí fue más fácil continuar pero sin ese paso previo de activación no podía seguir, no tenía sentido el artículo que estaba viendo. Durante el tiempo que estuve sin comprender lo que leía y veía me sentí mal porque no sabía a lo que tenía que atender pero luego me fijé en los valores y en cómo variaban (ese era el truco).

Todo tiene su truco pero la mayoría de las veces es mucho más importante descubrirlo, o que te ayuden a descubrirlo, que el hecho de decírtelo directamente. Puede que aunque te lo digan seas incapaz de verlo (que me lo digan a mi con lo "estadísticamente significativo").

Cuando no entiendes algo sientes agobio, angustia y sobrecarga porque no eres capaz de comprender algo que los demás si entienden. El día del "estadísticamente significativo" fueron dos: primero me lo explicó una persona y otro día me lo explicaron esa persona y otras dos. Los dos días me volví peor de como fui. No solo seguía sin entenderlo sino que además me sentía inútil. 

El año pasado leí un libro que me encantó sobre la relación entre un profesor y un alumno en un contexto muy diferente al educativo y en un momento de debilidad del profesor. Un chico había estudiado en una universidad y había establecido relación con un profesor con el que realizó varias investigaciones pero con el que había perdido la relación. Hasta que un día viendo la televisión vio que le estaban haciendo una entrevista a su "viejo" profesor sobre una enfermedad que tenía. A partir de ese momento decidió retomar la relación. 

El resto del libro no tiene desperdicio, sobre todo porque la manera en la que está estructurado un secuenciado el libro te hace conectar con experiencias propias. La relación que tienen ambos cuando se conocen en el contexto universitario es muy diferente a cuando se vuelven a encontrar. Pero creo que el vínculo educativo o académico se puede combinar con el personal e interpersonal.

Los límites entre lo que se debe enseñar y lo que no antes estaban muy marcados, muy estereotipados por la diferencia de roles entre los hombres y las mujeres, pero actualmente los roles no están tan marcados y fijados, la educación no es tan académica y rígida como lo era antes, al menos no debería serlo. Parece, o al menos es deseable, que la educación emocional va haciéndose un hueco en la educación académica y para mí es un paso esencial y necesario en el sistema educativo.

¿Por qué un niño no va a poder llorar cuando se siente mal y esa conducta es esperable en una niña? ¿Por qué no hay una asignatura específica y común para todos los alumnos que traten temas emocionales, personales y actitudinales?

Nunca he estado en una clase de Infantil pero creo que la educación emocional es más importante que en Primaria, al menos está presente. Pero en Primaria la educación en valores es un tema que se supone que está pero que no se ve más allá de resolver conflictos que tengan lugar en clase o en el recreo. Luego nos llevamos las manos a la cabeza con lo que pasa en Secundaria y cuando somos más mayores. 

El año pasado estuve en un colegio "cooperativo", al menos de eso predicaban porque era más competitivo que cooperativo. Ese precisamente es uno de los grandes dilemas educativos actualmente: las personas necesitan estar con contacto, ayudarse, tener metas comunes y no pisarse los unos a los otros. Pero la educación no siempre ayudar, incluso a veces entorpece la educación social. 

Por eso, la docencia va más allá de un aula, de un centro educativo, de una localidad o de un país. Para mí ser profesora implica tener en cuenta mucho más aspectos que los alumnos que tengo, las diferencias entre ellos, las capacidades que poseen, saber qué puedo y qué no puedo hacer, cómo lo quiero hacer y por qué lo quiero hacer... es tener en cuenta un marco mucho más amplio en el que puedes influir como el interpersonal y el intrapersonal. Creo que hay dos tipos de profesores: los que te enseñan contenidos y los que te enseñan actitudes. Los primeros solo quieren que aprendas (memorices) algo y los segundos quieren que sepas utilizar lo que has aprendido a diferentes niveles que el educativo o académico. 


jueves, 20 de octubre de 2016

¿Azul verdoso o verde azulado?



¿Qué color es? Mi profesora de filosofía de Bachillerato tendría una respuesta mucho más objetiva de la que tenemos en mi familia, pero lo cierto es que el gran dilema a la que nadie sabe responder, al menos no nos ponemos de acuerdo para saber si ese color es verde o azul.

Para mi prima y para mí es azul pero para mi madre y mi tía ese color es verde. Las cuatro sabemos que el azul es azul y el verde es verde, pero como ese está entre los dos colores no hay consenso hasta que llega mi padre y dice que es azul aquamarina. Aparentemente parece que se decanta por el azul pero no, es azul aquamarina. 

Esto viene a que el otro día en ADP organizamos los dibujos que hicimos la sesión anterior (una representación de nosotros mismos como profesores). Entendí mal lo que había que hacer y en lugar de organizar los dibujos en clase lo hice antes de la clase de una manera muy diferente a la de ese día, no sólo porque me salieron más clasificaciones sino porque estaba atendiendo a otros aspectos que, para mí, tenían que ver con la docencia.

De las 3 clasificaciones que obtuve, dos se centraban en lo que habían o no habían dibujado y otra estaba condicionada por inferencias que hice de lo que para mí significaba el dibujo. 

Cuando lo estaba haciendo, me acordé del TFG y de lo que me inventé para poder hacer correlaciones entre las categorías, las especialidades y el género (ya que era información con la que contaba). Pero no saqué nada en claro, sobre todo porque cuando lo estaba haciendo me daba cuenta de que eso era irrelevante para el ejercicio, o al menos en las categorías del grupo no se tuvieron en cuenta. 

Personalmente me resultó más fácil hacer la clasificación individualmente que en grupo porque al hacerlo yo solo contaba con mi punto de vista sino que también los otros tenían su propio punto de vista. Ya es complicado hacer inferencias o interpretar lo que alguien interpreta que es ser profesor y tener más puntos de vista que interpretan un representación subjetiva no ayuda. 

Al principio teníamos que identificar las grandes categorías de la clasificación y eso fue relativamente fácil con los primeros dibujos pero conforme seguíamos con la clasificación encontrábamos matices y un mismo dibujo podía pertenecer a uno u otro. Podíamos haberlos incluido en los dos o en ninguno pero decidimos que sería mejor incluirlos solo en uno. 

Cuando íbamos por la mitad de las imágenes las categorías estaban más estabilizadas y definidas, por lo que tuvimos que repasar aquellas en las que dudábamos y redistribuir ciertos dibujos que no teníamos claro donde incluirlos. De hecho, dos de ellos pertenecían a una categoría que se llama "sin etiquetar".

Mientras hacia mi clasificación individualmente y vi mi dibujo pensé  qué pensaría otra persona si viese mi dibujo. Yo sé lo que quería expresar y el sentido que tenía para mí esa representación, pero no sabía si eso se iba a corresponder con lo que otro interpretara que era mi dibujo. Así que cuando estábamos haciendo la clasificación en grupo y llegó mi dibujo no dije nada porque creo que soy consciente de cómo soy como profesora pero no sé si actúo, siento y pienso en consecuencia.

Precisamente sobre eso, sobre las actitudes estuvimos hablando el otro día en PPS. A nivel personal creo que es un tema muy complejo porque puedes pensar de una manera actuar de otra y sentirse mal por haberlo hecho pero hacerlo de todas maneras. Puedes ser consciente de que no estás siendo coherente con lo que haces en función de como te sientes o piensas al respecto pero, aun así, seguir haciéndolo. 

Ser consciente de algo no siempre implica un inicio de cambio, puede que lo identifiques pero no quieras o puedas cambiar. 

Supongo que si el grupo me hubiera puesto en una categoría con la que no me sintiera identificada, mi actitud hubiera cambiado (diciendo que ese dibujo era mío y explicándolo, sintiéndome mal porque esa etiqueta no se relaciona con lo que quise representar en ese momento y pensando que no hice el dibujo como quería, aunque en realidad sí que hice como quería hacerlo). Pero yo también formaba parte de ese grupo por lo que tampoco podía hacer como que no sabía a qué categoría me iban a añadir. 

El dibujo que más problemas me trajo sin ninguna duda fue el mío, los demás eran relativamente más fáciles de etiquetar. Con los demás dibujos hacía inferencias de lo que podían significar, pero con el mío además de tener que incluirlo en una de las etiquetar, lo que para mí implicaba cierta pérdida de su significado global, contaba con el significado que le daba yo al dibujo en comparación al que los otros le podían hacer. 

Mi dibujo es simplemente eso, mi dibujo. Pero no se encuentra aislado, sino que todos los dibujos tienen sentido dentro de varios contextos: dentro de la asignatura, dentro del grupo-clase, dentro del día que hicimos el dibujo e influenciados todos ellos por nuestras experiencias, expectativas, conocimientos previos e inferencias de lo que es ser docente. 

Me costó mucho hacer el dibujo porque es una representación subjetiva de lo que soy, lo que quiero ser y lo que pienso en un momento determinado de lo que implica ser profesora.

martes, 11 de octubre de 2016

Edipo y Hércules

El domingo, después de comer, estaba haciendo zapping hasta que encontré la película de Disney de "Hércules". Aunque ya estaba empezada, la vi hasta que terminó. Siempre leo o veo algo relacionado con la mitología griega me acuerdo de mi profesora de Filosofía de Bachillerato. Era un recurso que utilizaba mucho para poder explicarnos la manera y los motivos por los cuales los autores de la Grecia clásica presentaban ese pensamiento. El caso es que viendo a Hércules me acordé de Edipo.

Pese a que los dos pertenecen a la mitología griega clásica, lo cierto es que los dos no pueden ser más diferentes. Son diferentes porque sus historias son diferentes, porque sus expectativas de vida son diferentes y porque sus experiencias son diferentes. 

Mientras que Edipo tiene un destino definido que se va a cumplir, aunque haga lo imposible para que no ocurra, Hércules aparentemente parece que se adueña de su vida porque aunque tenga un destino definido lo desconoce. ¿Qué hubiese sido de Hércules si supiese lo que iba a ocurrir? ¿Qué le hubiese pasado a Edipo si no lo hubiese sabido?

Intentado responder a esas preguntas, me di cuenta que muchas veces me encuentro en ese dilema: ¿qué hubiera sido de mí sin la universidad? y ¿qué sería de mi si supiera cuál va a ser mi destino?

Para responder a la primera pregunta, me valió con revisar lo que hicimos la semana pasada en Orientación académica y profesional (OAP) y para responder a la segunda me sirve lo que dimos el jueves en Principios de la Psicología Social (PPS). En la primera aprendes en base a tu experiencia y en la segunda aprendes en relación a tus influencias contextuales (sociedad y cultura).

Para mí, la gran diferencia entre las dos asignaturas residen precisamente en la experiencia. La cultura es un gran condicionante social, al igual que la sociedad, pero creo que no tiene sentido de hablar de cultura ni sociedad sin tener en cuenta la experiencia. 

Aunque la cultura y la sociedad no son procesos estáticos, sí que hay una tendencia a pensar que son heterogéneas e inmutables. Por ejemplo, no cabe duda que las culturas occidentales son muy diferentes a las culturas orientales pero justamente porque vivimos en sociedad y eso implica necesariamente movimiento cultural, no se pueden considerar culturas puras. 

Además, una de las ventajas que presenta la experiencia es que el concepto que cada uno tenemos de cultura cambia. He crecido dentro de la cultura occidental, más concretamente en la europea, en una zona donde el contacto entre la occidental y la oriental es más significativa por la escasa distancia entre España y Marruecos. Para ser exactos la distancia es muy pequeña, vista desde un avión.


Esa distancia, que tiene un valor de unos 20 km, varía de una persona a otra en función de la concepción que tengan sobre la cultura, la capacidad que tengan de diferenciarse de la propia cultura, la concepción que tengan de la otra cultura (vínculos emocionales y personales) y la manera en la que se relacionen con miembros de la propia cultura y de la ajena. Y eso solo te lo proporciona tu experiencia subjetiva. 

No sólo existe contacto social sino biológico: soy morena de ojos marrones y no puedo hacer como que no lo soy. Tengo muy claro que soy lo que soy porque mi cultura tiene implícitas una serie de valores, creencias y concepciones contextualizadas e influidas por otras culturas y por eso tenga la capacidad de diferenciarme de mi propia cultura y considerarla como un proceso complejo que ha necesitado tiempo para ser lo que es hoy en día y que no será la misma de aquí a unos años. La cultura va a cambiar lo quiera o no lo quiera yo, el hecho de notar el cambio, o querer notarlo, es otra cosa porque depende de cada uno.

Uno de los motivos por los que no me gustó la clase de PPS, era que cada cultura (hay tres grandes culturas: EEUU, Europa y Oriente) tiene implícitos una serie de estereotipos asignados de tal manera que los primeros dan más importancia al individuo y los terceros  lo dan al grupo. Los segundos estarían en un punto intermedio pero más influenciados por la cultura individualista. 

Para comprobarlo, hicimos un ejercicio que consistía en puntuar del 0 al 10 la importancia que tu sociedad le da a los anuncios a la hora de comprar y la que tiene para ti.En mi caso, la primera puntuación fue mucho más grande que la segunda. Este es el fenómeno que se conoce como efecto tercera persona, es decir, la percepción de que ciertas cosas le afectan más al resto de la población que a uno mismo.

Mi enfado vino porque no estaba de acuerdo con ese fenómeno porque eso implica que no existen diferencias individuales y que todos estamos "programados" para pensar lo mismo. Si fuese así, no tendría sentido hablar de culturaS. Considero que es igual de importante saber tomar distancia entre tu cultura y tu percepción subjetiva de la cultura a la que perteneces como respetar las concepciones que los miembros de tu cultura tienen sobre ella. 

No me siento menos española porque no me gusten los toros ni me siento más española porque me guste la paella. También me gusta pintar mandalas, hacer cerámica, hice kárate de pequeña, no me gusta el fútbol y tengo dos hermanos y ninguna de esas cosas implican que me sienta más o menos identificada con mi cultura de origen. 

viernes, 7 de octubre de 2016

Estornudos ¿heredados?



No sé el motivo pero normalmente suelo estornudar a diario. No siempre soy consciente de ello pero hay una persona que sí lo es porque siempre me lo recuerda. El hecho de estornudar no es algo que me moleste especialmente, aunque cuando lo hago repetidas veces en poco tiempo me pone nerviosa. En cambio, a mi hermano le molesta mucho y lo peor, para él, es que desde hace 10 días, muy a su pesar, no solo sigue teniendo una hermana que estornuda a diario sino que tiene una hija que también lo hace. Y a mí me encanta.

Me resulta gracioso porque no es algo "normal", aunque para mi sí que lo sea, y me gusta que, por fin, alguien de mi familia se "parezca" a mí.

Uno de los aspectos negativos que tiene ser la pequeña de la familia es que no paran de recordarte que eres igualito/a a... De hecho da igual que seas el pequeño o el mayor, pero en mi familia los parecidos son sagrados. Mi hermano mayor es igual que mi padre y mi hermano mediano es igual que mi madre. Y la gran pregunta es: ¿Y yo?

Depende de a quién preguntaba me parecía a la familia de mi padre o a la familia de mi madre. La familia de mi padre dicen que soy como la familia de mi madre y la familia de mi madre dicen que soy como la familia de mi padre. Al menos físicamente porque en la manera de pensar hay consenso en que soy igualita que mi padre. Aunque mi padre no lo comparta.

Sinceramente, creo que no soy como mi padre en la manera de pensar primero porque me considero más directa que él a la hora de decir lo que pienso en un tema y defenderlo pero a la vez más abierta a otros puntos de vista. Mi padre está tan seguro de que lo que piensa es lo correcto que ni siquiera se plantea otros pensamientos alternativos. Con lo cual siempre que hablamos el que termina teniendo la razón es él. Eso sí cuando le digo que no estoy de acuerdo me dice que soy igualita que mi madre.

Me parezca a quien me parezca, lo cierto es que no puedo negar que no pertenezco a la familia. 

Acorde con esto, una de las grandes ventajas de tener 7 asignaturas a la semana es que me permite establecer conexiones entre ellas. En la sesión de Orientación Académica y Profesional del martes me quedé extrañada porque teníamos que identificar nuestra propia carrera profesional (representada con una línea temporal) con una serie de palabras que se encuentran asociadas a tres paradigmas de la orientación. Aunque es un post que tengo pendiente escribir, no quería perder la oportunidad de mencionar en este que me sentí extrañada por sentirme identificada con ciertas palabras que aparecían en los tres.

Con dos de ellos tenía más en común que con la otra pero lo cierto es que había dos conceptos (éxito e intereses) con los que sí me sentía identificada. Cuando salí de clase seguí pensando en el asunto porque, por una parte, me extrañaba que no fuera capaz de identificarme con un solo grupo de palabras pero, a la vez, consideraba que sería muy complicado identificarse con un solo grupo de palabras.

Hasta que en la sesión de Psicología social hicimos una dinámica, de un autor que no recuerdo el nombre, que consistía en tener que atribuir una serie de características personales y sociales a partir de ciertos rasgos de la persona en cuestión. Las conclusiones de la dinámica fueron importantes, pero lo que más me llamó la atención a nivel personal fue comprender porqué me había sentido tan extraña el martes.

Para mi, uno de los aspectos más relevantes a nivel social es poder diferenciarte o al menos tomar cierta distancia a la hora de evaluar la cultura en la que vives. Soy consciente de la cultura en la que vivo pero soy capaz de diferenciarme de ella para observar con cierta perspectiva lo que en ella ocurre. Pero eso no lo hice el martes. Me sentí extraña porque era la única de clase que se había identificado con palabras de los tres paradigmas, o al menos la única que explicitó que lo estaba. 

Además, la cultura puede ser un factor condicionante a la hora de interpretar y valorar ciertos conceptos pero a nivel personal creo que la experiencia subjetiva es un factor que afecta más a la hora de dar sentido a esos conceptos. Al no saber el contexto en el que se encontraban las palabras atribuí mis concepciones de dichas palabras. 

Las clases de esta semana no tuvieron desperdicio, así que ya publicaré un post más extenso de las conexiones entre las asignaturas.